miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mi nuevo yo

Tan solo pude dormir 5 minutos, ya que ese puñetero bebé de al lado no paraba de gritar y llorar.
Volví a llamar a casa, pero no respondieron.
Unos dos minutos luego, se me presentó Irina. Me dijo:
- Oye... no deberías invadir la Tierra. No me quiero inmiscuir,  pero no creo que sea lo mejor.
- Iria, nunca me perdonaría no haberme vengado. Lo necesito.
- Pero... ¡tu no eres así!
- Ahora sí.
- Pues este tu no me gusta. Prefiero ese tu tan pacífico, tan amable y comprensivo.
- Y yo. Pero durante una temporada, no voy a ser así.
- Pues cuando tu tu bueno vuelva me llamas. Aún así... ven a verme de aquí a un mes a un bar de New York. Está debajo del cartel de bienvenida.
- De acuerdo.
Se fue un poco triste. Miró a ese bebé tan llorón y le sonrió. Y él se calló. No dijo nada más en todo el viaje.
Pensé en esa conversación todo el viaje. No me podía sacar de la cabeza esa cara triste que puso Irina. No pude reprimir esas lágrimas que llevaba todo el día aguantando.
Pasaron las horas y desembarcamos. Irina se acercó:
- Adiós.
- Adiós.
- Oye... da igual.
- He de partir.
- Adiós.
Me puse las gafas de sol y me marché.

4 comentarios:

  1. Wow, ese puñetero bebé no serà mi hermanoo?? Que mi hermano no es puñetero, es tonto. Juas Juas Juas

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  2. No, seguro que es muy tonto. Y tú un plátano blandengue.

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  3. ¡¡¡¿¿¿¿BLANDENGUE????!!! Yo no soy el que se va quejando de que mi padre me abandonó cuando era una semilla y que le aplasté el sueño a mi madre, ¡¿eh, patata?!

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